La mayoría de los animales que nacen en cautiverio, criados por el hombre, difícilmente se adaptan a una condición natural de supervivencia del más apto una vez devueltos a la selva. Con la aprobación anoche, en segundo debate, del proyecto de ley de Fomento Industrial, los legisladores están a punto de extender el manto proteccionista a la especie menos visitada y rentable del zoológico. Ante el inminente peligro de extinción, los industriales reconocen que sus probabilidades de supervivencia son mucho mayores bajo los cuidados intensivos de sus guardianes, que rondando con los depredadores en la jungla. Pero dilatar lo inevitable solamente reduce sus probabilidades de supervivencia. Como política económica, el subsidio es un grave error. Los industriales no han tenido -ni tendrán nunca mientras gocen de un régimen especial de subsidios- el incentivo para producir y competir libremente. Crear un estado de beneficencia es fácil, pero muy costoso y difícil de desmantelar. Además, las justificaciones de los industriales para merecer los subsidios no son sólidas. El nuevo “fomento industrial” ha sido alabado como el instrumento de atracción de la inversión que deberá milagrosamente transformar la industria panameña en una locomotora para el crecimiento económico en 8 años. Pero la ineficiencia solo engendra la ineficiencia. Después de más de 52 años en cautiverio y mil millones de dólares en subsidios, este es un sector que, así, nunca aprenderá a prosperar en la intemperie.
Hoy por Hoy 2004/01/15
15 ene 2004 - 05:00 AM