Al mismo tiempo que las actividades políticas adquieren mayor intensidad y aumenta la controversia verbal, el país queda perplejo ante los hechos insólitos que confunden a la opinión pública. Pocas veces, en la historia republicana, se ha visto a un presidente de la República involucrado en tan abierta promoción y apoyo a candidatos a cargos de elección popular. Tampoco había surgido tan absurda y ridícula confrontación sobre la utilización, aparente o real, de signos, emblemas, nombres e imágenes de personajes y objetos que pertenecen a la historia del país. Sin que existan verdaderas razones, la persona que gobierna la República como jefe del Estado y dirigente de todos los panameños, se ocupa en participar en actos proselitistas, lanzar proclamas partidistas y envolverse en dimes y diretes con otros candidatos políticos. Por supuesto que el asunto aumenta de calor y colorido ante la confusa e inexplicable actitud del Tribunal Electoral. Cuando todos los panameños confiaban en la capacidad y ánimo de conducir unas elecciones libres, democráticas y pacíficas, surgen las dudas y el ambiente se enrarece por acontecimientos incomprensibles. La polémica en nada contribuye a la paz ciudadana y, muy por el contrario, convierte a los magistrados electorales en una clase de corregidores que abren sus puertas en medio de la noche para atender asuntos baladíes. Magistrados, eleven su nivel.
Hoy por Hoy 2004/01/29
29 ene 2004 - 05:00 AM