Es ciertamente indiscutible que en el marco de las campañas electorales, los candidatos se valen de todo tipo de artimañas para enviar mensajes al electorado que eleven sus probabilidades de triunfo. En este sentido, la transmisión de información política se ha convertido en un principio para la supervivencia de los aspirantes. Esto siempre ha sido así, como lo reflejan las reglas de la retórica antigua en las escuetas recomendaciones que ofrece Maquiavelo acerca del manejo exitoso de la opinión popular. Estas mismas reglas, con un efecto más amplio, se aplican con frecuencia en estos tiempos. Y por eso, ahora más que nunca, la comunidad debe despertar ante la evidente manipulación de las agendas que los pretendientes proyectan para sus propios intereses. Los ciudadanos deben comprender que esto no es más que un artificio creado en el marco de la esgrima política con el fin de ganar espacio publicitario y llevar al país por el camino de la “telecracia” y el video-gobierno. Las campañas en los medios son cada vez más costosas y constituyen un indicativo claro de la capacidad que tienen los candidatos para trabajar en su propio beneficio, y es obvio que si esto no lo pueden hacer bien, tampoco podrán hacerlo en el marco más amplio de una responsabilidad gubernamental. Resulta difícil encontrar una respuesta inmediata a esta situación, pero al menos se puede intuir que con los cambios que están introduciendo algunos medios de comunicación de obligar a los políticos a manejar una agenda ciudadana, se tocan aspectos fundamentales que fortalecen la democracia y la hacen más auténtica.
Hoy por Hoy 2004/02/02
02 feb 2004 - 05:00 AM