Dentro del contexto del grave deterioro institucional que sufre el país, la comunidad ansía que luego de unas elecciones limpias y transparentes, el próximo gobierno redefina la posición del país ante el mundo y estructure una política exterior que atienda, no solo las cuestiones vinculadas con el endeudamiento externo, que seguirá siendo acuciante por años, sino también el perfil diplomático que le permita adentrarse por el camino de la integración regional y plantearse aspectos de interés nacional. Es evidente que la influencia de una nación en el escenario internacional depende, en última instancia, de su capacidad productiva y de la calidad de sus instituciones. Estas condiciones obligarán al próximo presidente de la República a agudizar el ingenio y el esfuerzo para el aprovechamiento más eficiente de los recursos disponibles, y en particular, para lograr un flujo sostenido de inversiones. Por lo tanto, habrá que hacer la útil tarea de observar la experiencia de países que han tenido y tienen un fuerte crecimiento económico, y fomentar una cultura que permita la penetración de productos nacionales en mercados más dinámicos y rentables. El prestigio de un país en el mundo e, incluso, su capacidad de atraer inversiones productivas de largo plazo, dependerá de la credibilidad institucional y del clima de estabilidad y seguridad jurídica que ofrece. Y en este aspecto, hasta ahora, Panamá plantea una amplia agenda de cuestiones a mejorar
Hoy por Hoy 2004/02/03
03 feb 2004 - 05:00 AM