Nuestro “primer investigador”, el procurador general de la Nación, José Antonio Sossa, decidió ir a Guatemala personalmente para hacer entrega de la “asistencia judicial” solicitada por las autoridades de aquel país en el caso de la apertura de cuentas bancarias de altos cargos del ex presidente Alfonso Portillo. Tal deferencia resulta inusual, salvo cuando priman intereses personales, como cuando se fue a entregar en persona a la Corte Suprema la solicitud de su amigo el ex presidente Pérez Balladares para destituir al contralor Alvin Weeden cuando éste descubrió cheques a su nombre de dividendos de empresas concesionarias del Estado o las famosas cuentas bancarias con millones de dólares que no figuraban en su declaración de bienes. Pero lo que en realidad pretendía Sossa en Guatemala no era solo entregar el mencionado informe, sino desacreditar a La Prensa, calificándola de “mentirosa”. Con lo que no contaba Sossa es que la prensa guatemalteca no solo no le creería, sino que reaccionaría en su contra: “Lo peor es que Sossa no ha dudado en recurrir a mentiras, a retorcer la verdad o hasta cometer presuntas ilegalidades, en su afán de pintar las cosas del color que no son”. Así lo afirma el editorial del diario Siglo XXI en su edición del martes. Los guatemaltecos solo necesitaron de unos minutos para calibrar su credibilidad en su justo peso y dimensión.
Hoy por Hoy 2004/02/05
05 feb 2004 - 05:00 AM