La corrupción y la inconsecuente falta de sensibilidad de muchos funcionarios que disponen e indisponen sobre los bienes del Estado, hace necesario el establecimiento de políticas públicas con un fuerte contenido institucional, que llene el peligroso vacío de justicia en nuestro país. Está en juego la transparencia sin la cual un sistema democrático no puede funcionar. La sensación de impunidad reinante resulta por excelencia deslegitimadora del sistema democrático, y corre el riesgo de traducirse en episodios de desasosiego, mayor deterioro social, y aun dañinos niveles de escepticismo de amplias franjas de la sociedad. Un Organo Judicial lacayo del político de turno no solo se desprestigia unilateralmente frente a la ciudadanía. También provoca el desprestigio del propio ciudadano, fomenta laxitud en el cumplimiento de las normas, destruye la ejemplaridad, corroe los valores, iguala hacia abajo conductas y actitudes de un amplio espectro de la vida nacional. Por eso no debe sorprendernos cuando la clase gobernante se aprovecha del poder que administra para extender ilimitadamente la influencia de sus redes de corrupción, negando siempre sin vergüenza todas sus actuaciones. Así las cosas, de seguro, Panamá irá rumbo al despeñadero.
Hoy por Hoy 2004/02/18
18 feb 2004 - 05:00 AM