En el contexto de la cobertura electoral, cada vez es más notable la queja de algunos candidatos y políticos de que los periodistas son ahora más agresivos e insistentes que antes, que los titulares distorsionan los hechos, que con frecuencia tienden a ser sensacionalistas y de que se les brinda poco espacio. Todo ello demuestra cuán ignorantes son de la naturaleza y la dinámica del proceso de informar con responsabilidad a la ciudadanía, pues parecen olvidar que cada vez –y con más fuerza– la sociedad urge a los políticos actuar con transparencia, y a los periodistas, a revelar la verdad, pues no es poco frecuente que ellos –los políticos– quieren y pretenden velar la realidad. Es por ello que la relación natural entre políticos y periodistas se incline más hacia la animosidad que hacia la amistad. Ello no quiere decir que los periodistas no están obligados a aceptar la crítica o a reflexionar sobre su labor diaria. Pero lo que es inaceptable es que, en ese insensato afán de ocultar los hechos, los políticos intenten arremeter contra la vida de quienes pretendan revelarlos, tal como ocurrió el pasado martes, cuando un fotógrafo de este diario tuvo que esquivar –para salvarse de ser arrollado deliberadamente– el vehículo en el que viajaba un candidato presidencial que abandonaba la residencia del abogado de un connotado miembro del mayor partido de oposición del país. Si ese candidato ha elegido gobernar tal como actúa, sepa que el mensaje ha sido recibido con claridad y comunicado a toda la ciudadanía. Su actitud revela más que sus promesas o su hipócrita sonrisa.
Hoy por Hoy 2004/02/20
20 feb 2004 - 05:00 AM