Haití, uno de los dos países que conforman la isla La Hispaniola y que por su belleza extraordinaria asombró a Cristóbal Colón, parece ahora ofrecer solo opciones que van de lo malo a lo peor. Sin recursos naturales que le permitan proyectar un futuro esperanzador, lo único que exporta es extrema pobreza y un alto índice de SIDA en su población. Abandonada, olvidada y dejada a los avatares de la anarquía, en sus 200 años de historia ha tenido más de 30 golpes de estado y largos y sangrientos episodios dictatoriales. Su primer gobierno democrático, el de Aristide, está contando sus últimos días, dándole la vuelta atrás a las pocas esperanzas que tenían los haitianos de mantener una estabilidad y de mejorar sus condiciones de vida. Los esfuerzos que se han hecho y se hacen desde las esferas diplomáticas para superar la actual crisis institucional no son suficientes, y denotan una carencia de conocimientos de los problemas medulares que afectan a los haitianos. Equivocados están lo que piensan que Haití necesita un tratamiento cosmetológico. Lo que precisa es lo que hasta ahora no ha obtenido y es el compromiso de la comunidad internacional para reemplazar el olvido al que históricamente ha estado sometido.
Hoy por Hoy 2004/02/22
22 feb 2004 - 05:00 AM