La decisión de la presidenta Mireya Moscoso de renunciar a la inmunidad que le otorga el Parlacen, una vez sea juramentada como miembro de esa institución, es encomiable, porque renuncia a un cuestionable privilegio que no tiene ninguna razón de ser ni de perdurar. En efecto, el Parlacen ha sido duramente cuestionado por Panamá y Centroamérica, por ofrecer refugio a muchos corruptos gobernantes de la cleptocracia que gobierna a la región. Sin embargo, por encomiable que sea la decisión, no va suficientemente lejos. ¿Para qué sirve el Parlacen si ni siquiera ha procurado uniformar la legislación centroamericana en asuntos tan simples como la migración? El Parlamento Europeo debe existir porque tiene funciones importantes que atender en una comunidad que es modelo de unidad económica y hasta política. Ese no es el caso de Centraoamérica, profundamente dividida por rivalidades históricas que aún no han podido superarse del todo. Mejor servicio se haría a los países centroamericanos si se elimina el Parlacen, los 20 diputados titulares y los 20 suplentes electos por votación popular en El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Panamá y los observadores acreditados en el organismo.
Hoy por Hoy 2004/02/27
27 feb 2004 - 05:00 AM