La sociedad panameña reclama cambios profundos en la vida política nacional. Son pocos los que hoy dudan de que los políticos echan leña al fuego de la corrupción, premian la ineptitud y exacerban la discrecionalidad del poder. Es evidente que frente a los problemas actuales, los políticos no son confiables ni representativos. No solo malversan los fondos públicos, sino también la voluntad de los electores. Su sabiduría es engañosa y esconde concepciones, según las cuales los partidos son máquinas burocráticas destinadas a entorpecer la participación espontánea de los ciudadanos independientes. Dentro de los partidos crece el fruto de bloqueo de conveniencia y las manipulaciones clientelistas, que contribuyen a acrecentar la brecha entre los representantes y los representados. Los escándalos de corrupción y la proliferación de mafias que buscan controlar parcelas del Gobierno no han hecho más que generalizar el descrédito de los políticos y renovar la demanda por nuevas formas de intervención ciudadana en los asuntos públicos. Males como la falta de transparencia no pueden combatirse con una simple reforma. Hay que ir a la raíz del problema aunque, desafortunadamente, la forma en que se conduce la misma política crea la ilusión de cambios drásticos e inmediatos, pero que poco tienen que ver con los males a remediar.
Hoy por Hoy 2004/03/03
03 mar 2004 - 12:00 A M
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