El que el actual gobierno haya invertido más en obras sociales que el anterior no significa nada. Cómo se utilizaron los más de cinco mil millones de dólares que la presidenta alega haber invertido y qué efectos positivos causaron en la población es lo que cuenta. Es lamentable que los bolsones de pobreza sigan creciendo, como por ejemplo Barú, Colón y las regiones indígenas. Son áreas críticas que en el actual quinquenio gubernamental han empeorado. En las bananeras, la solución fue prestarle 14.5 millones de dólares para que la dirigencia sindical comprara los activos de la transnacional Chiquita. El resultado ha sido catastrófico. En Colón se levantaron expectativas con el Centro Multimodal, Industrial y de Servicios (CEMIS), pero al final el proyecto quedó sumergido en un marasmo de acusaciones de corrupción entre miembros de los dos más grandes partidos políticos del país. Y en las áreas indígenas, la situación no ha sido diferente. Los niveles de pobreza y pobreza extrema, que arrebatan la vida de decenas de niños desnutridos, no han sido atendidos con la diligencia que requieren. Por otro lado, los problemas estructurales de un sistema gubernamental corrupto e ineficiente siguen iguales; el déficit financiero de la Caja de Seguro Social continúa aumentando y cada día se acrecientan las quejas por los altos costos que tiene que pagar la población por los servicios de electricidad, teléfono y combustible, porque el actual gobierno no hizo y no hace nada. Es triste entonces ver que mientras la presidenta vive en su burbuja cual Alicia en el país de las maravillas, el pueblo se ahoga en la desesperación.
Hoy por Hoy 2004/03/04
04 mar 2004 - 05:00 AM