Con sorpresa vemos que ahora algunos legisladores abanican proyectos de ley que afectarían concesiones y privilegios de los propios proponentes. Parecería heroico y digno de alabanza, pero cuando la campaña electoral ya está avanzada y se acorta el plazo para que terminen los períodos para los cuales fueron elegidos, causan asombro y dudas estos gestos de repentina moralidad política. La realidad es que ya compraron los autos, ya los vendieron y ya los cobraron. No hay duda de que se trata de una situación similar a la de cerrar la puerta de la jaula cuando ya los pájaros están volando. Y es que cuando se piensa en cortar privilegios, el asunto no puede limitarse solamente a los legisladores. En Panamá, la administración pública, en todos los sectores y niveles, está plagada de tratos preferenciales, privilegios y abusos. Por esa razón, lo indicado es exigir a los candidatos a la Presidencia de la República que se comprometan a tomar las medidas para que sean eliminados los altos salarios, condiciones y beneficios especiales, tratos singulares y concesiones discriminatorias que a través de los años se han otorgado a determinados funcionarios, gremios, organizaciones, categorías de empleados públicos, y todo aquello que con su influencia y capacidad de ejercer presiones debilite la justicia, la equidad y las buenas prácticas administrativas. De lo contrario, lo que estamos viendo es lo mismo de siempre: pura demagogia.
Hoy por Hoy 2004/03/07
07 mar 2004 - 05:00 AM