Cuando una sociedad pierde el respeto por la dignidad del ser humano, hay serias razones para preocuparse. Las condiciones inhumanas en que viven los reclusos de la Cárcel de La Chorrera deben ser motivo de vergüenza para los panameños; principalmente para los gobiernos, que año tras año prometen mejoras al sistema penitenciario. La situación es inaceptable desde todo punto de vista, pues se trata de seres humanos, con derecho a vivir como tales, no como animales. Las autoridades han perdido toda sensibilidad frente a esta realidad, considerándola algo normal, que no puede evitarse 'por falta de presupuesto'. Esta excusa no puede ser eterna. ¿Acaso no comprendemos que estamos enfermando a nuestra sociedad poco a poco? Cada persona que ingresa al sistema penitenciario -por las causas que sea- entra en un infierno, que no es más que una escuela de descomposición social, en la que se pierde toda noción y valor por la vida humana, para luego 'reincorporarse útilmente a la sociedad'. Lo más alarmante es que de los 548 reclusos del centro, unos 328 no están condenados; es decir, aún no son culpables, según la ley. ¿Y si resulten inocentes al final? ¿En qué se habrán convertido? El Estado está violando los derechos humanos de los privados de libertad. La Declaración Universal, la Constitución, las leyes nacionales e internacionales, todas las normas, tanto escritas como no escritas, son letra muerta a la hora de voltear la mirada hacia el sistema penitenciario. La privación de libertad es una sanción ante la violación de las normas de convivencia humana; pero nada, absolutamente nada, justifica que se desprecie la vida de tal forma. Las autoridades están obligadas a actuar. Cualquier otra cosa es complicidad.
Hoy por Hoy 2004/03/18
18 mar 2004 - 05:00 AM