Es evidente que dado el clima de burocracia estatal, inseguridad jurídica y corrupción, el país se ha visto obligado a crear un abanico de leyes especiales para promover el desarrollo económico. El resultado es un rosario de incentivos, que se sabe donde empiezan, pero nunca dónde acaban. Es por eso que ningún estudioso de la realidad nacional se atreve a anticipar grandes cambios en cuanto al aprovechamiento de las áreas revertidas y la posición geográfica. En gran parte, ello se debe a que aún impera la cultura de la desidia, algo ya folclórico entre los panameños, pero que carcome con mayor profundidad el intelecto de los que ostentan el poder. Y es que cuando se analiza el uso que se le ha dado hasta ahora a la antigua base militar de Howard, como hangar para la aeronave presidencial, y se pone en contexto con los intentos de muchos empresarios por hacer algo productivo para esas áreas, es fácil colegir que Panamá tiene pocas esperanzas de salir del subdesarrollo. Porque no han faltado quienes con egoísmo y miopía han impedido la creación de proyectos necesarios para el desarrollo nacional. Es hora de trabajar, más que en leyes dispersas, en un modelo global y homogéneo para mejorar el clima de negocios y la competitividad del país para atraer inversiones.
Hoy por Hoy 2004/03/19
19 mar 2004 - 05:00 AM