La justicia en este país trabaja al revés. Mientras los corruptos, los delincuentes confesos, los que reciben dinero por soborno y los que mienten bajo juramento, se pasean libremente, a los ciudadanos honestos se les trata de maleantes, matando una vez más al mensajero que denuncia la fuente de la verdadera corrupción en Panamá. En una muestra clara del ejercicio arbitrario y abusivo del poder, el procurador general de la Nación ordenó ayer la conducción forzada del fundador de este diario, Roberto Eisenmann, a una fiscalía a rendir indagatoria. Este acto, a todas luces excesivo e innecesario, constituye un evidente alarde de prepotencia de quien no parece entender sus funciones. Es evidente que mientras el procurador continúe ensañándose con los periodistas y utilizando el Ministerio Público para ejecutar sus vendettas personales, la justicia no avanzará. Esta situación, junto con otras actuaciones del procurador, obliga a los ciudadanos a exigir la separación inmediata del procurador general de la Nación por abuso de autoridad y extralimitación de funciones, así como su directa responsabilidad en la impunidad generalizada que está acabando con el estado de derecho. De no enrumbar el camino de la justicia, de nada valdrán todos los cacareados procesos modernizadores del Organo Judicial.
Hoy por Hoy 2004/03/25
25 mar 2004 - 05:00 AM