El decomiso de más de una tonelada de droga en una bodega de almacenaje en el corazón de la ciudad capital no es una novedad. Los reiterados operativos llevados a cabo por la Fiscalía de Drogas y la Policía Nacional han ido en aumento desde que al narcotráfico se le identificó como un problema de seguridad hemisférica. Y las autoridades merecen nuestro reconocimiento por ello. Pero el hecho de que algunos de estos criminales de la droga, entre ellos los del cartel de Medellín, ya estén realizando transacciones comerciales con entidades del Estado panameño para adquirir bienes y raíces en áreas revertidas como Clayton y Dos Ríos, resulta un aldabonazo de advertencia para que los organismos gubernamentales establezcan filtros y mecanismos efectivos para controlar el ingreso de bienes mal habidos y de personas vinculadas con el negocio del narcotráfico. En los años 80, Panamá fue utilizada como centro de reunión de los diferentes carteles de la droga, donde se negociaban estrategias de operaciones e incluso la entrega de algunos de sus líderes. Ahora, años después, los narcotraficantes regresan al territorio nacional, no para ser procesados o entregados a las autoridades, sino para disfrutar del sistema bancario y envenenarlo con su dinero sucio. Urge entonces reforzar las medidas de seguridad ya que de lo contrario en muy poco tiempo no solamente estarán haciendo negocios a la orilla del Canal sino escogiendo a las mismas autoridades del país.
Hoy por Hoy 2004/03/26
26 mar 2004 - 05:00 AM