Es denigrante ver cómo todos los años el Ministerio de Educación nombra y traslada a diferentes rincones del país a miles de maestros a través de un proceso absurdo que irrespeta la dignidad del docente. Existe un consenso unánime sobre la desactualización de los contenidos curriculares de la enseñanza nacional. Cada año son más los jóvenes que abandonan el aula de clase y se lanzan –sin medir las consecuencias– al mercado laboral en busca de oportunidades. Desde la perspectiva de la educación, se entiende que mientras la escuela primaria tiene la meta de alfabetizar a los niños y darles las herramientas conceptuales básicas, la tarea con los adolescentes pasa por su socialización. En tal sentido, es más importante para éstos el abordaje integral como personas que la vieja pretensión enciclopedista de leer y memorizar, ya que cada día el mundo requiere más conocimiento práctico y menos teoría inútil. Y aquí es donde resulta vital el papel del maestro, porque para transmitir pasión por el conocimiento, los docentes tienen primero que recuperarlo como valor propio. Para ello es imprescindible que se jerarquice su labor, dando tiempo y remuneración adecuados para que se perfeccionen y se concentren en su tarea. Por eso, será difícil cualquier cambio en la sociedad si no se instala un clima, hoy inexistente, que valorice el saber y a los que se esfuerzan por enseñarlo.
Hoy por Hoy 2004/04/02
02 abr 2004 - 05:00 AM