La Semana Santa es un momento oportuno para la reflexión y la meditación. Es una realidad que hasta ahora los panameños no han sido capaces de conciliar sus intereses particulares con las más apremiantes necesidades de la comunidad. Tristemente, las propias autoridades y la clase política, que deberían dar el ejemplo de civismo y elevación de propósitos, son las que fomentan las rencillas, cultivan las divisiones y siembran los embriones de peligrosas rivalidades y fanatismos políticos. No dedicar este tiempo del año para erradicar estas diferencias partidarias e ideológicas, sería crear un caldo fértil para el crecimiento de actitudes que harían perecer la libertad y fracasar la democracia. Es un deber de todos reflexionar sobre las consecuencias que los actos de hoy tendrán en el mañana. Ese es el más elevado deber moral y patriótico, ante el cual hay que deponer otras consideraciones, por importantes que puedan parecer desde la estrecha perspectiva del momento.
Hoy por Hoy 2004/04/09
09 abr 2004 - 12:00 A M
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