Después de una agenda prioritariamente política en los últimos dos años, y de un lustro de soportar a un gobierno cuya gestión se ha caracterizado por propiciar un marcado deterioro económico, institucional y moral, los panameños debemos hacer un esfuerzo para que la agenda del 2004 en adelante gire en torno a la sociedad civil. No hay duda de que Panamá se ha transformado en estos últimos años a una velocidad constante, más rápido que la conciencia de nuestros gobernantes, y ha asumido con facilidad las deudas de identidad que tenía pendientes. La nueva sociedad civil panameña debe hacer suya la democracia participativa sin concesiones, y fundamentarla en una premisa incondicional: el rechazo a convivir con la corrupción y la impunidad. Una agenda se construye con situaciones y esperanzas. Lleva la marca del pasado, la memoria de limitaciones y frustraciones y una buena dosis de utopía. No hay caprichos históricos ni razones de Estado. La ambigüedad que ha dado como frutos la falta de transparencia, el clientelismo, el nepotismo, las prebendas y el tráfico de influencias, sin duda ha sido un buen negocio electoral, pero un muy mal negocio para la sociedad civil. La mitad de los panameños no está inscrita en un partido político, ¿por qué, entonces, seguir resignados a la partidocracia?
Hoy por Hoy 2004/04/19
19 abr 2004 - 05:00 AM