Garantizar un espacio de privacidad a los ciudadanos y, a la vez, preservar el derecho de informar y opinar sobre temas y personas de relevancia pública puede generar tensiones y conflictos en las sociedades contemporáneas. Por una parte está el derecho de los medios de proporcionar información dentro de las normas de la ética, y el derecho de la comunidad a ser informada sobre aspectos de la vida íntima de algunos ciudadanos, cuando ésta es o puede ser de interés público. Este es el caso típico de la vida privada de los funcionarios de gobierno y de los candidatos a puestos de elección popular. El otro polo lo forman el interés y el derecho de todos, incluso de esos funcionarios, a preservar su intimidad. Un ejemplo relevante de este tipo de conflicto fue la difusión, hace unos años, de una fotografía del encuentro de un candidato presidencial estadounidense con su amante. Dicha foto de un episodio privado fue considerada, justificadamente, de gran interés para que la ciudadanía evaluara la personalidad de quien aspiraba al cargo máximo del país. En Panamá, desafortunadamente, este tipo de información sugiere una intromisión en la privacidad y un atentado a la intimidad de las personas. Craso error, porque, si bien es cierto que la zona de contacto entre lo público y lo privado puede ser escenario de tensiones, este conflicto nunca puede resolverse en contra de la libertad de los ciudadanos a ser informados y a formarse su propio juicio de valor sobre las personas y los hechos que tienen influencia en la vida de la sociedad.
Hoy por Hoy 2004/04/21
21 abr 2004 - 05:00 AM