La deforestación incontrolada en todo el territorio nacional, el constante deterioro de la fauna y flora del país, y la falta de previsión de las autoridades correspondientes obligan a la ciudadanía panameña a reflexionar hoy, en la celebración del día mundial de la Tierra. Es sabido que las instituciones y sus funcionarios tienen la misión de velar por los intereses públicos y responder ante la comunidad por lo que ocurre en el ámbito de su competencia. En este contexto, sobresale la actitud pasiva de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), que en forma sistemática elude su responsabilidad. Es evidente que con la devastación de más de 40 hectáreas de bosque primario en el corazón de la ciudad capital y dentro del Camino de la Amistad, la ANAM no solamente avaló este exabrupto ecológico sino que después que aprobó el estudio de impacto ambiental creó una comisión para evaluar al daño. ¡Semejante torpeza! Y lo mismo hace en ocasión de los incendios forestales y de varios casos de contaminación en diversos puntos de la república, donde es evidente su inacción. Esta actitud no se compadece con lo que se supone son los deberes de los servidores públicos y su obligación de responder a las inquietudes y necesidades de Panamá. Es una tragedia que, lo que en el pasado significó abundancia de peces, pájaros y otros tipos de fauna, hoy se constituye en una verdadera tragedia ambiental y en una amenaza para el bienestar de la población. Y peor aún cuando la ANAM, que debe actuar en temas del medio ambiente, contribuye a difundir una sensación de desprotección y frustración que afecta el prestigio natural y el significado del nombre Panamá.
Hoy por Hoy 2004/04/22
22 abr 2004 - 05:00 AM