Vistos los constantes cambios que originaron su creación, los sindicatos y los gremios de trabajadores constituyen una de las instituciones de más difícil renovación. Por un lado se advierte una relación distante entre los sindicatos y el resto de la población debido a la falta de concordancia entre sus intereses y actividades. Y por otro lado, la poca receptividad que sus pronunciamientos tienen en la agenda temática de los medios de comunicación y en la opinión pública, ya que el discurso sindical ha dejado de ser representativo de los intereses de la sociedad. Tal crisis se manifiesta en los pobres niveles de afiliación que reflejan muchas organizaciones sindicales, en el escaso poder de convocatoria y en la falta de identificación de los trabajadores con sus dirigentes. Además, los sindicatos tradicionalmente han representado a los que trabajan pero han abandonado a los desempleados. En efecto, a estos no los representa nadie –ni el gobierno ni los partidos– y los tratan como si no existieran. Evidentemente el campo sindical atraviesa un proceso de crisis y reformulación de su identidad, y su imagen se halla sumida en un profundo deterioro, ya que las funciones y roles del trabajo contemporáneo han evolucionado desde aquellos lejanos días del levantamiento de Chicago hasta adquirir las características que lucen hoy en pleno siglo XXI. Mientras tanto, los líderes sindicales se han quedado rezagados y mantienen actitudes y discursos del pasado y terminan defraudando a sus seguidores, poniendo su liderazgo al servicio de intereses políticos que no guardan relación con los objetivos y necesidades de sus afiliados.
Hoy por Hoy 2004/05/01
01 may 2004 - 05:00 AM