A pocos días de la histórica derrota de la alianza oficialista, ya empieza el matraqueo dentro de las diferentes agrupaciones y tendencias partidistas para evaluar las razones que causaron el hundimiento de la maquinaria política del gobierno que vaticinó, con unas matemáticas proféticas, más de 600 mil votos. No faltarán quienes señalen, en primer lugar, la falta de democratización del Partido Arnulfista en no hacer elecciones primarias. Otros dirán que fue culpa de la misma presidenta Moscoso al imponerle al directorio nacional una lista de candidatos previamente seleccionados por el dedo mágico de Palacio. También cuestionarán el predominio de los neomireyistas que nunca habían sido arnulfistas, pero que estaban enquistados en la dirección del gobierno. Y siempre habrá sobradas razones para cuestionar el caciquismo de Jesús Maco Rosas, quien prácticamente resquebrajó el espíritu Molirena y llevó al partido al despeñadero. En cambio, ninguno de ellos creyó en la capacidad de Guillermo Endara, quien –a pesar de ser el heredero político del Dr. Arnulfo Arias– fue descalificado como posible candidato por haber ejercido el derecho a disentir con las ejecutorias del gobierno. Como si fuera poco, luego de humillarlo con su expulsión de las filas de un partido que él ayudó a fundar, los resultados del pasado domingo les ofrecen una lección política. No hay ánimo de hacer leña del árbol caído; pero es importante para la posteridad, que este cúmulo de desatinos adquiera vigencia para quienes no desean verse retratados nuevamente en el espejo del fracaso político.
Hoy por Hoy 2004/05/07
07 may 2004 - 05:00 AM