En contraste con la unanimidad que existía hace unos años sobre los beneficios de la baja de aranceles y la apertura comercial para los países en desarrollo; hoy por hoy, economistas, políticos y directivos de las instituciones financieras internacionales sostienen que las medidas aperturistas no son recetas mágicas que conducen al crecimiento económico. Las evidencias del alto costo social que para ciertos sectores productivos puede tener la apertura indiscriminada, se unen a la comprobación de que los países desarrollados no siempre cumplen con las mismas reglas que exigen al resto, ya que ellos protegen y subsidian a sus productores vulnerables, distorsionando la libre competencia, que en el plano teórico debería fundamentar todo el proceso de liberalización económica. No se trata de cerrarse a estos acuerdos o de negar los tangibles aportes que pueden traer a nuestro país, sino de dejar a un lado la ingenuidad y sentarse a negociar con todos los elementos de juicio sobre la mesa, teniendo siempre en cuenta el balance entre lo económico y lo social. La cautela y la consideración de las posibilidades de competencia real de nuestros agricultores e industriales es indispensable al momento de la negociación, si no se quiere que en el futuro, el efecto social sea devastador.
Hoy por Hoy 2004/05/15
15 may 2004 - 05:00 AM