Cualquier despistado diría que al ejercer su función crítica y vigilante, losmedios erosionan el prestigio de las instituciones. Para los tribunales, el prestigio y la confianza se asientan en el respeto que inspiran sus decisiones. De un tiempo para acá, la Corte se ha embarcado en una serie de fallos harto discutibles, porque riñen hasta con el sentido más común de los mortales. Ha impedido y obstaculizado el libre acceso a la información pública; decretó la nulidad y archivo del proceso CEMIS, cubriendo con un manto de penumbra el mayor escándalo de la era democrática; en otro sumario sobre tráfico de armas, cerró una voluminosa investigación por la vía de un amparo, afirmando que no se había cometido ningún delito en Panamá, aseveración improcedente, puesto que no era tribunal de la causa penal; en otra pesquisa sobre lavado de dinero, la Corte liberó a una de las sospechosas extranjeras, so pretexto de que no existían pruebas en los 28 tomos del sumario, situación inexplicable luego de que en el primer puerto al que llegó esta persona fue detenida de inmediato por los mismos cargos. En el último de los entuertos conocidos convierte a la Contraloría en un convidado de piedra al momento de detectar el enriquecimiento ilícito de los magistrados de la propia Corte Suprema. ¿Cómo pueden, entonces, los medios desprestigiar lo que ya se encuentra desprestigiado por sus propias actuaciones? La conclusión obligada que revelan estos desaguisados es que la otrora "Corte de lujo" ha devenido en Corte de hojalata, que no se aviene con la democracia que aspiramos construir.
Hoy por Hoy 2004/05/30
30 may 2004 - 05:00 AM