En un país que clama por una renovación de su sistema judicial, la Corte Suprema de Justicia debe ser mucho más que despilfarro y desatino. Da vergüenza la notoria complacencia con que los magistrados han desatendido la eficiencia y el aprecio por el servicio efectivo y simple a los ciudadanos. Después de innumerables esfuerzos y dineros malgastados, los magistrados no han logrado ponerse de acuerdo sobre la forma en que debe aplicarse una reingeniería al sistema judicial panameño. La modernización de los procedimientos sigue enredada en miles de discusiones; los fiscales siguen sin investigar en su tributo cotidiano a la impunidad; los expedientes judiciales siguen reemplazando a los juicios; los secretarios a los jueces, los empleados a los secretarios, en la cadena infinita de la injusticia. Y mientras tanto, la lentitud y la mora siguen siendo la cara visible de nuestra justicia. Es evidente que la Corte está enfocada más en la conveniencia de sus magistrados que en el bienestar de los ciudadanos. Es una justicia de papeles, deshumanizada y donde los litigantes reales son siempre reemplazados y los testigos cumplen un papel secundario. La realidad del Organo Judicial está muy alejada de la justicia verdadera, y en nada se ve favorecida por una Corte desprestigiada por los mismos magistrados.
Hoy por Hoy 2004/06/04
04 jun 2004 - 05:00 AM