El debate en torno a la Constitución es, en estos momentos, sobre la reforma posible y la reforma ideal. Existe un amplio consenso nacional acerca de la necesidad de limitar el número de legisladores, de permitir su libre postulación y de reducirles sus privilegios; de darle mayor autonomía al Tribunal Electoral; de evitar que la Corte Suprema de Justicia se convierta en una extensión del Organo Ejecutivo y de acortar este interminable periodo de transición. Y esas, las que ha propuesto el presidente electo, aparentan ser hoy las reformas posibles. Lo ideal sería que en una Asamblea Constituyente los panameños nos diéramos la Constitución que queremos, pero eso no pasa de ser una ilusión, dada la oposición de Torrijos a esa figura, salvo que se introduzca en el propio texto constitucional, como también ha propuesto. Esto abre las puertas para que los panameños sigamos aspirando -pero ahora con sustento constitucional- a una Asamblea Constituyente. ¿Prevalecerá el pragmatismo de dar un paso adelante y esperar otra oportunidad para otros cambios, o nos aferraremos a la esperanza, futura e incierta, de una nueva Constitución? Las próximas horas serán definitivas. A la presidenta Moscoso le faltó voluntad política para impulsar una reforma constitucional. Hoy carece de fuerza política para hacerlo, pero las propuestas de Torrijos tampoco pueden adelantarse sin su colaboración, ya que el agobio del tiempo puede exigir sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa que solo ella puede convocar. La ciudadanía ha comenzado a pronunciarse. Ojalá nuestros gobernantes sepan interpretar su clamor.
Hoy por Hoy 2004/06/20
20 jun 2004 - 05:00 AM