Cuando se analiza la historia nacional con objetividad y sin apasionamientos, se advierte que el gran déficit que arrastra este país es el que se deriva de la manifiesta incapacidad de los panameños para entablar un diálogo político fecundo y profundo. Ha faltado, simplemente, espíritu de diálogo y una genuina voluntad de acortar diferencias, de aceptar argumentos y propuestas. Hasta ahora, ha sido mucho más fácil alentar el ánimo de confrontación y exacerbar las discrepancias que elaborar planes y estrategias que reflejen el evidente pluralismo ideológico y político de la sociedad. Por eso resulta positiva la señal que brota desde la Presidencia de la República, luego de que la mandataria aceptó iniciar los trámites necesarios para darle curso legislativo al conjunto de reformas constitucionales que presentó la semana pasada el presidente electo. Es tiempo de que las autoridades y la clase gobernante diseñen objetivos y políticas de Estado que puedan ser asumidos por todos los sectores y los partidos como expresión del supremo interés; que todos se comprometan a respetar, a mantener en el tiempo, más allá de los cambios y relevos de gobierno y de cualquiera que sea la fuerza que acceda al poder. Ya es hora de abrir los ojos, porque frente a la claridad de las oportunidades, la ceguera no es buena compañera.
Hoy por Hoy 2004/06/22
22 jun 2004 - 05:00 AM