Luego de la invasión en 1989 y el regreso de la democracia a Panamá, hubo un ambiente propicio para la construcción de un nuevo país, con instituciones basadas en los principios democráticos que tanto anhelaba el pueblo panameño. Pero no ocurrió así. Simplemente nos conformamos con la destrucción de las Fuerzas de Defensa y el desmembramiento de los organismos de seguridad del Estado, y convertimos el tema de la desmilitarización en el punto focal de las agendas de ciertos sectores de la clase política panameña. Hoy, casi 15 años después, se observa con cautela y preocupación cómo el crimen organizado, las pandillas y el delito han ganado terreno poco a poco, enraizándose de una manera alarmante y causando estupor en nuestra sociedad civilizada. Es imperante el fortalecimiento de los organismos de seguridad y la inclusión de este tema en las reformas para la modernización del Estado. El país necesita una visión que conlleve el nacimiento de nuevas políticas de seguridad y un marco legal responsable, moderno, de cara a los nuevos retos contra la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo. No nos conviene jugar al avestruz. Los maleantes están aquí y es peligroso no hacer nada. Las autoridades tienen la palabra.
Hoy por Hoy 2004/07/06
06 jul 2004 - 05:00 AM