Nuestro país se aboca a momentos difíciles. La corrupción es general, existe en todos los niveles, tanto en el sector gubernamental como en el privado. Desde las cimas del poder público, pasando por corregidurías, alcaldías y ministerios, en abierta complicidad con poderes fácticos, este flagelo enturbia y limita las posibilidades de desarrollo humano sostenible para todos los panameños. La desesperación de los desempleados se refleja en la violencia en las calles, hay mayor inseguridad ciudadana, la brecha entre ricos y marginados se hace cada vez más grande y crece la incredulidad frente a la clase política. Indudablemente, el proyecto de reformas constitucionales discutido en la Asamblea Legislativa, presentado por el presidente electo, y el paquete de medidas antipandillas, apadrinado por la presidenta de la República, no convertirán al país en una tierra prometida donde mane leche y miel. Sin embargo, son un paso importante en la dirección correcta, para poder avanzar en la búsqueda de un nuevo proyecto nacional, necesario desde que dejó de orientarnos e iluminarnos la antigua religión que unía a todos los panameños: la recuperación de la Zona del Canal. Hay que responder a este llamado sin más dilación.
Hoy por Hoy 2004/07/13
13 jul 2004 - 05:00 AM