Los panameños estamos en ascuas. Este es un país que se da el lujo de tener dos presidentes durante cuatro meses, pero, a pesar de esa curiosidad, sigue sumergido en una crisis de gobernabilidad. Y es que, en lugar de verdaderos estadistas, hemos caído en manos de una partidocracia que lleva al poder a meros populistas. Hoy sufrimos las consecuencias. Las últimas actuaciones de los dos presidentes (saliente y entrante), lejos de procurar esa gobernabilidad, parecen demostrar que están enfrentados a fin de lograr la aprobación ciudadana, en lugar de propiciar una transición ordenada. Mientras el entrante propone reformar la Constitución a la carrera, la saliente riposta con operativos “mano dura” y empuja varios proyectos de ley que, so pretexto de combatir la alta criminalidad, lo que realmente buscan es ganar simpatía. Y cuando el “mano a mano” por llamar la atención entra en su etapa final, nos sorprenden con propagandas camufladas de “informes a la Nación” y viajes al Viejo Continente para codearse con la realeza. Eso no lo merece Panamá. La nación requiere de dirigentes que miren con luces largas y establezcan una verdadera agenda de Estado, cuya meta lleve implícita la solución de todos los problemas que nos agobian.
Hoy por Hoy 2004/07/21
21 jul 2004 - 05:00 AM