La Asamblea Legislativa debería ser el sitio en el que convergen el bien, la honradez de los padres de la patria, la moral de la ciudadanía y la humildad de los políticos. Es un altar a Panamá en el que se debían crear las leyes que nos conduzcan hacia el progreso. Pero no, ha resultado ser el chiquero de la patria, el lugar donde llega cualquiera, y en el que se hace todo menos lo que se espera: legislar con criterios de país. La propuesta para disminuir el número de legisladores como parte del paquete de reformas a la Constitución, pasó por primer debate y dejó el amargo sabor de irresponsabilidad de estos señores, quienes han decidido no entrar en tecnicismos -con respecto a las comarcas- y sencillamente mantener el número vigente. Esta actitud mezquina y carente de moral, evidencia claramente una componenda política entre ellos, típico de la partidocracia que vive el país. Y es que no han entendido el sentir de la población, que quiere y espera una reducción del número de legisladores y la eliminación de uno de los suplentes. Lo peor es que el proponente de todas estas reformas está de viaje; y si sabía de sus compromisos previos, por qué enciende el caldero y se marcha dejando un tema tan importante al garete. Recuerde, Presidente electo, que en la puerta del horno se quema el pan.
Hoy por Hoy 2004/07/23
23 jul 2004 - 05:00 AM