Improvisación, improvisación y más improvisación. Ese ha sido el denominador común de la administración de Mireya Moscoso. Cifras que no cuadran, contratos de última hora, proyectos de ley sin estrategias ni financiamiento, puentes que no tienen vías de acceso. Es decir, las manos trabajan en una dirección, los pies caminan en otra, mientras que la cabeza no tiene rumbo definido. Desde que este gobierno se inició, han sido palpables la falta de previsión, los impulsos demagógicos y la obsesión por figurar. Pero tristemente los gobernantes olvidaron lo fundamental: elaborar propuestas encaminadas a cortar de raíz la pobreza, el déficit fiscal, el desempleo, el nepotismo y la corrupción rampante. Problemas fáciles de resolver en campaña política pero que resultaron promesas imposibles de cumplir al momento de ejercer el cargo. Al parecer, la mayor preocupación de la Presidenta se centra ahora en pasar a la posteridad como una mandataria de “mano dura”, y que su rostro aparezca en el registro histórico inaugurando un puente, aunque la obra no esté culminada, dejando de lado las consecuencias de tomar decisiones sin planificar. Una vez más, queda demostrado que la actual administración olvidó que los gobiernos son transitorios pero sus obras son perennes.
Hoy por Hoy 2004/08/06
06 ago 2004 - 12:00 A M
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