Es indudable que la capacitación planificada en la administración pública es necesaria, más aún si está vinculada a una real carrera administrativa. El caso de funcionarios de alta jerarquía que obtienen licencias con sueldo para irse a estudiar al extranjero a costa del erario público es una práctica que, si bien puede ser legal, riñe con los postulados básicos de la ética y es un desperdicio de recursos porque minimiza los esfuerzos del Ministerio de Economía y Finanzas y la Contraloría General de la República cuando realizan la tan cacareada contención del gasto público. Las acciones hablan más alto que las palabras. Y eso es evidente cada vez que el gobierno anuncia un nuevo ajuste de cinturón y propone una contención del gasto. Por lo general, esto no afecta los bolsillos de los altos funcionarios e influyentes familiares, muy por el contrario, siempre perjudican el rubro de inversión y el renglón de funcionamiento de las actividades más importantes que impulsan a un país. Nunca se toca el gasto abusivo de emplanillados y embotellados que usufructúan de las mieles del poder. ¿Cuántos funcionarios más se están beneficiando de esta detestable práctica? Sin duda, queda demostrado que lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta.
Hoy por Hoy 2004/08/07
07 ago 2004 - 05:00 AM