Aunque con muchos años de retraso, el Gobierno Nacional da un paso firme y positivo al ordenar el cierre del centro penitenciario en la isla de Coiba. Es una decisión en la que prevalece el buen juicio, considerando que fue un penal con una de las páginas más crudas e inhumanas de la vida nacional y guarida de los militares para desaparecer a los opositores del régimen que gobernó de 1968 a 1989. Allí se cometieron crímenes atroces y cobardes, donde la lejanía de los familiares de los reclusos no les permitía escuchar los gritos de zozobra y dolor durante las sesiones de tortura. Con la salida del último recluso, Panamá se suma a otro número plural de naciones que ha cerrado cárceles igual de condenables, islas que han sido testigos de infamias y torturas, y han quedado inmortalizadas en libros como El conde de Montecristo y Papillón. De Coiba aún no ha salido una obra literaria, pero por ahora se debe pensar en su desarrollo como destino turístico y ecológico. Igualmente se deben mantener las barracas y cementerios como monumentos históricos, y tratar de que no se cometa el mismo error de la anterior administración cuando derribó la cárcel Modelo, como si con eso se borrara parte de la historia y recuerdo de las barbaries que se cometieron allí también. Sirvan, pues, estos momentos para recuperar la memoria de la República, y que no se olvide jamás.
Hoy por Hoy 2004/08/26
26 ago 2004 - 05:00 AM