Las reformas constitucionales de 1983 introdujeron una figura novedosa, que terminó llamándose popularmente como "el llanero solitario". No es otra cosa que la intención de darle una curul a aquel partido político que, habiendo subsistido en la contienda electoral, no haya logrado elegir a ningún legislador. Su razón era darle a esa minoría del electorado, aunque derrotada en las urnas circuitales, al menos una voz dentro de la Asamblea Legislativa. Por ello, causa extrañeza que el Fiscal Electoral, armado de una coraza de argucias legales, pretenda conseguir en favor del Partido Popular una curul adicional, so pretexto de que la que ya obtuvieron ahora resulta ser del PRD. Ya el Tribunal Electoral se pronunció en contra de dicha pretensión. Pero no ha importado, a pesar de que la estrategia del fiscal deja en evidencia que el PP ya tiene vocería dentro de la Asamblea, nada menos que en boca del propio presidente del partido, primero, y luego, de su vicepresidente. Junto a tres demandas separadas presentadas por el Fiscal, se suma a esta leguleyada la sospechosa celeridad que la Corte Suprema de Justicia y los Procuradores le conceden a esta maniobra, velocidad no reflejada en casos muchos más importantes para el país como la nulidad de la equiparación del contrato de Panama Ports o el escandaloso caso CEMIS. Pero hay otro aspecto más grave aún: al llevar el propio Fiscal Electoral al seno de la Corte Suprema de Justicia un tema que en el fondo es netamente electoral, deja abierta la puerta para un precedente jurídico que ojalá no tengamos que lamentar.
Hoy por Hoy 2004/08/30
30 ago 2004 - 05:00 AM