Dos elementos significativos derivan de la victoria de George W. Bush en Estados Unidos. El primero, que el pueblo estadounidense vio en él seguridad y por eso lo apoyó. El segundo, su reivindicación como líder legítimo de la nación más poderosa del mundo, dejando atrás ese sinsabor a fraude que se registró en las elecciones del año 2000. Bush, sin embargo, tiene ante a sí un gran desafío que debe enfocar desde dos perspectivas: la posición que adoptará Estados Unidos frente a la comunidad internacional y, en su propio país, la unidad de su pueblo. En la primera, Bush tendrá que poner en marcha una estrategia diplomática para que Francia y Alemania, sobre todo, se unan en su lucha contra el terrorismo, apoyo que se le esfumó con la invasión a Irak. Paralelamente, debe convencer a su Nación y unirla, a fin de que su política antiterrorista logre el objetivo deseado. De no hacerlo, la elección de Bush no solo significará una equivocación del pueblo estadounidense, sino un duro revés para el mundo entero.
Hoy por Hoy 2004/11/04
04 nov 2004 - 05:00 AM