No cabe duda que los partidos políticos tienen más poder político en Panamá que los mismos ciudadanos. Las reformas constitucionales moderan un poco el asunto, pero aún la partidocracia rige en nuestro país. La legislación electoral todavía ampara el control de roscas y caciques sobre los colectivos políticos, con poca o ninguna consideración de transparencia y democracia interna. A pesar del rol fundamental que los partidos políticos tienen dentro del sistema democrático, y de los enormes subsidios que reciben del erario público, ni la legislación, ni la jurisprudencia electoral permiten abrirlos al escrutinio ciudadano y desechar esa apariencia de club privado que envuelve a más de uno. Ejemplo palpable, el arnulfismo, el mayor de oposición, que demuestra claramente que no está preparado internamente para trabajar democráticamente. Un modelo autocrático parece haberlo secuestrado, a pesar del descalabro electoral reciente y de la necesidad imperiosa de renovación. Si queremos democracia, tenemos por obligación y convicción que acostumbrar a los partidos políticos a regirse democráticamente.
Hoy por Hoy 2004/11/20
20 nov 2004 - 05:00 AM