Es evidente que el país no está para paños tibios. Existe un déficit rampante, cuentas públicas desbalanceadas, escándalos por uso indebido de fondos del Estado, es decir, una verdadera pesadilla financiera para cualquier gobernante. Pero tampoco debemos caer en la desesperación, porque si se hace una retroinspección de la historia nacional, se puede concluir que no ha habido peor momento para Panamá que cuando se separó en 1903 de Colombia. El país entonces estaba arruinado, abandonado y olvidado. ¿Y qué hicieron los próceres? Ninguno se echó a llorar por lo que habían hecho –o dejado de hacer– los colombianos. Su prioridad fue construir un país y revivir el sentimiento de patria entre sus habitantes, que era lo fundamental. Se esforzaron para que la población tuviera educación, salud, cultura y servicios básicos de agua, luz y caminos. Posteriores administraciones construyeron el Teatro Nacional, el Instituto Nacional, el Hospital Santo Tomás, la Escuela Normal de Santiago, y se programó la construcción de la carretera central a las provincias. Es decir, el país se echó a andar. El actual gobierno tiene muchas prioridades, pero debiera concentrarse en lo que ahora es fundamental: sanear las finanzas de la Caja de Seguro Social y negociar el pago de la deuda pública. No hacerlo nos llevaría de vuelta a una situación deplorable y caótica, peor que la de 1903. Y eso sería imperdonable.
Hoy por Hoy 2004/12/05
05 dic 2004 - 05:00 AM