La principal responsabilidad de todo gobierno es garantizar la seguridad alimentaria de la población. Es una cuestión de vida o muerte. Esto implica que tanto el Estado como los agentes económicos se coordinen en la producción y comercialización de alimentos. El exagerado aumento que ha registrado la canasta básica, pone de manifiesto una total falta de previsión de las autoridades al no establecer los contingentes extraordinarios y negar los permisos de importación. Además, es evidente la ausencia de una cadena fría necesaria para la preservación de los productos provenientes de tierras altas. Tampoco se han elaborado programas de educación y listas de precios comparativos que orienten a la población sobre dónde están los precios más bajos, con el fin de promover la sana competencia. Con la excusa de que ahora todo está bajo la oferta y la demanda, se pisotea a un consumidor desprotegido y desamparado, mientras los organismos pertinentes permanecen impávidos y no ejercen su autoridad. Precisamente la ambición de los comerciantes y la inacción de los consumidores fueron los elementos determinantes para que, en los últimos años del siglo pasado, se creara una institución que persiguiera a los monopolistas inescrupulosos que atentaban contra el bienestar económico de la población. Por tanto, es oportuno que los consumidores ejerzan sus derechos y reclamen cada vez que se sientan atracados, y que la CLICAC cumpla con su deber y no adopte la cómoda posición del avestruz.
Hoy por Hoy 2004/12/17
17 dic 2004 - 05:00 AM