Escasas oportunidades se le presentan al Estado para tomar medidas de gran alcance, fáciles de implementar y que busquen consolidar una mejor administración de las finanzas públicas. El año fiscal actual, igual al calendario, puede ser cambiado a otro que comience el 1 de julio y termine el 30 de junio. De este modo, si se traslada el período de puesta en marcha de la asignación y disponibilidad presupuestaria a meses de menor actividad, se lograría una plena ejecución durante los meses de verano. El solo hecho de recibir y conocer la cuantía de la mayor parte de los ingresos a mediados del año fiscal, serviría para racionalizar el gasto público -basado en lo que ha entrado en caja- y disminuir la posibilidad de medidas tradicionales de contención del gasto, que no solo tienen efectos negativos en la economía, sino que incrementan los costos de las obras al Estado. El momento es propicio, con la reforma fiscal que se avecina, para que se tomen este tipo de decisiones y se haga coincidir, adicionalmente, el año fiscal con el período presidencial.
Hoy por Hoy 2004/12/19
19 dic 2004 - 05:00 AM