Con la designación de la abogada Ana Matilde Gómez como Procuradora General de la Nación, el país espera que se llene el vacío que por 10 años ha erosionado la credibilidad y ha causado zozobra por la falta de diligencia en el manejo de los casos en la justicia penal. Fuera del rejuego político, de que si el nombramiento se debe a amiguismo, si el Presidente de la República la conoce desde hace tiempo o si decidió su elección recientemente, lo importante es que la nueva procuradora sepa cuál es su trabajo una vez tome posesión del cargo. Es obvio que debido a la inacción del actual procurador hay una gran acumulación de casos que deberá resolverse con eficacia y prontitud -por lo menos el tratamiento de unos 12 casos de corrupción. Además, es necesaria la conformación de un equipo de trabajo comprometido con el derecho y la justicia. Con un sistema distinto al que hasta ahora hemos tenido, y en el que han prevalecido la impunidad y la inactividad, los esfuerzos e intentos por hacer justicia dejarán de ser quimeras para convertirse en realidades.
Hoy por Hoy 2004/12/23
23 dic 2004 - 05:00 AM