Por muchos años la industria camaronera ha sido emblema de prosperidad y buque insignia de los recursos marinos panameños. También es la envidia de países competidores, pues nuestro producto se cotiza muy alto en los mercados internacionales y se consume como un manjar en recepciones hasta en la Casa Blanca. Pero nos llegó la hora de afrontar la realidad. Los productores han estado jugando con candela, al utilizar redes prohibidas con el fin de aumentar su rentabilidad, pero han matado la gallina de los huevos de oro. La prohibición de las exportaciones, por parte de EU, pone en riesgo la seguridad económica nacional. Es el segundo rubro de exportación y casi su totalidad se envía a ese país. Aunque de nada sirve ahora lamentarse, es necesario señalar a los culpables y advertir que tanto el gobierno, por no fiscalizar el uso y abuso de la redes especiales, y las empresas, por incumplir las normas internacionales, tendrán que enfrentarse a esta nueva cara del proteccionismo mundial. Pero a este respecto, Panamá también tiene su cuota al tener suspendidas desde hace un año las importaciones de carne estadounidense por supuestas medidas sanitarias. Será entonces necesario someter ambos reglones a una negociación urgente para poder, en un plazo que minimice el daño, limar asperezas y encontrar las soluciones que nos permitan recuperar el mercado perdido. Suficientes complicaciones tienen ya las negociaciones de un TLC con EU, para que ahora se le agregue un ingrediente negativo. Hubiéramos preferido otro tipo de aguinaldo para estas navidades.
Hoy por Hoy 2004/12/24
24 dic 2004 - 05:00 AM