Terminadas las fiestas de fin de año, ya es tiempo de poner atención a las realidades nacionales. Tenemos un país con una crisis profunda de credibilidad en las instituciones, particularmente cuando de recaudar impuestos se trata. Ya nadie cree que con el pago de los impuestos se construyen obras en beneficio para la comunidad o infraestructuras para el desarrollo del país. No hay un solo hospital ni carretera que no tenga un problema estructural: los puentes están inconclusos, sus bases están endebles; los hospitales están desabastecidos; una burocracia hija del peor clientelismo y servicios públicos caros y deficientes. El pueblo no es tonto y se pregunta a dónde van a parar los dineros del Estado. Cuestiona, por ejemplo, el abuso de más de 50 millones derrochados por los mandatarios en partidas discrecionales sin ofrecer explicación alguna. Hay que devolverle la esperanza a los contribuyentes con la certeza de que los impuestos se manejarán con transparencia, que se le rendirá cuenta por cada centavo que se le confíe a los gobernantes, sin recibir evasivas, excusas baladíes ni mucho menos bravuconadas. Sin un cambio en el manejo transparente de las finanzas públicas, cualquier reforma fiscal tropezará con el obstáculo adicional de una población cansada de tanta desfachatez. Esperamos un debate serio y sereno del paquete impositivo por parte de la Asamblea Nacional, pero también esperamos que venga acompañado de las medidas necesarias que le aseguren a cada panameño el derecho de conocer cómo se gastan los impuestos.
Hoy por Hoy 2005/01/04
04 ene 2005 - 05:00 AM