Una larga y rica tradición panameña es la tolerancia, la cual ha sido notablemente benévola cuando el país ha tenido que enfrentar problemas nacionales y abusos de las autoridades, aun en los momentos más negros de nuestra reciente historia. Pero las declaraciones de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de los diputados de la Asamblea Nacional –que se resisten a despojarse de los privilegios que han gozado durante años– nos apartan de esta tradición y, peor aún, dejan una puerta abierta para que la ciudadanía exija igualdad en el tratamiento fiscal. Mientras que la población se resigna al aumento de impuestos y a las nuevas pautas tributarias, las más altas figuras políticas del país rehúyen su responsabilidad, se niegan a aportar su cuota tributaria y se mantienen con sus privilegios, muchos de los cuales hasta ahora han sido fuente de abusos y corrupción. La postura de los diputados y magistrados aparece, en suma, como un retroceso, cuando lo que requiere la patria es el sacrificio de todos sus conciudadanos. Nadie debe estar por encima de la ley y la justicia, y mucho menos los funcionarios.
Hoy por Hoy 2005/02/04
04 feb 2005 - 05:00 AM