No solo es preocupante la cantidad de prófugos, sino la facilidad con que cualquiera que se sienta levemente amenazado por sospechas de su participación en un acto delictivo, puede alegremente abandonar el país o simplemente desaparecer ante la pasividad de las instituciones de seguridad pública. La otra cara de la moneda es que cualquiera también puede entrar y alojarse ilegalmente entre nosotros sin ser detectado oportunamente. Ello pone en evidencia la vulnerabilidad y la carencia de procedimientos funcionales que garanticen no solo la convivencia pacífica y la protección a la vida, honra y bienes de los ciudadanos, sino que, luego de cometido un acto delictivo, el imputado dispone de exitosos mecanismos para mantenerse en la impunidad, públicamente y hasta con arrogancia. Mientras no se establezcan medidas interinstitucionales coherentes, desarrolladas de cara a la tecnología de punta y que respondan a objetivos concretos de salvaguarda integral, la sociedad panameña seguirá expuesta a riesgos completamente evitables.
Hoy por Hoy 2005/05/09
09 may 2005 - 05:00 AM