Una marcha popular pacífica fue la muestra prodigada por un grupo de trabajadores en protesta por las reformas a la CSS en discusión en la Asamblea Nacional. El comportamiento demostró que las luchas populares no tienen que ser violentas ni que los panameños debemos temer a la expresión democrática del descontento popular. La autoridad policíaca cumplió su deber y solo respondió para reprimir la violencia cuando al fenecer el acto un reducido grupo inició el pillaje, destruyendo la propiedad pública y privada. El país sigue en huelga y el Gobierno tiene en sus manos la decisión final. O sigue sordo al clamor popular o nos sentamos a generar acuerdos. El país merece ánimo y disposición para consensuar la mejor solución en equilibrio justo para las peticiones razonables, pues todos los sectores –de un modo u otro– tienen su cuota importante de afectación.
Hoy por Hoy 2005/05/28
28 may 2005 - 12:00 A M
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