Aunque estamos en el mundo de la fugacidad, pasar la página no es tan fácil. El Gobierno presuponía que una vez aprobada la ley de reformas a la Caja de Seguro Social (CSS), las aguas revueltas de la calle volverían a su cauce.
Los cálculos fallaron. Quizá cabe preguntarse si no hay problemas estructurales que, al igual que los que aquejan a la CSS, están crispando la salud social del país.
Los índices de pobreza, el oscuro futuro queenfrentan los jóvenes o la frustración de quienes apenas alcanzan a subsistir con el magro salario mínimo, son señales de alarma suficientes para que el Ejecutivo pongamanos a la obra y busque la mejoría real de la economía cotidiana de los panameños. El país puede entender las macro reformas, pero necesita esperanzas.