Las decisiones sobre el futuro del Canal no pueden tomarse al calor de hechos coyunturales, ni mucho menos como mecanismo de castigo por aciertos o desaciertos en la actuación del Gobierno. La capacidad de comprometer la discusión sobre la futura ampliación del Canal, y afectar por la próxima centena el progreso económico del país, requiere un alto a las respuestas emotivas.
La decisión merece del análisis sosegado, centrado en estudios sólidos, certeros y oportunamente divulgados, de manera que no queden incertidumbres. Esta vez es importante no fallar en el método ni en las explicaciones al pueblo. Ha llegado la hora de iniciar el debate más importante que aguarda a esta generación de panameños para decidir, como nación adulta, sobre nuestro destino.