La seguridad social amerita aprovechar la oportunidad ofrecida para que, como ciudadanos serios y responsables, tomemos justo control del futuro de la institución social más importante del país.
El Presidente prometió considerar propuestas puntuales y aceptar posiciones disímiles, siempre que fuesen concertadas entre todos los sectores. Bien, que sea auténtico diálogo y no simplistas estrategias dilatorias para calmar los ánimos. Ahora es el momento de enarbolar la bandera nacional y arropar las diferencias que impiden ver más allá del interés particular de un fragmento de la sociedad.
El problema es de todos y nos afecta a todos; las reformas planteadas deben ser más que meros parches, de modo que verdaderamente se justifique el sacrificio colectivo y el esfuerzo por alcanzar soluciones cónsonas con el bienestar general como objetivo común. Dialoguemos amplia y serenamente por ello.